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lunes, 1 de julio de 2013

Las pasarelas de Las Tablas de Daimiel provienen de los Everglades en Florida


Pararelas en los Everglades, similares a Las Tablas de Daimiel

El sistema de pasarelas que hace 40 años se diseñó para enseñar el recién creado Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel seguía el ejemplo de las que existían en el Parque Nacional de Everglades, en Florida (Estados Unidos), a donde se desplazó el primer director de Las Tablas para estudiarlo.

El entonces director de Las Tablas de Daimiel, Pedro Molina, ha reconocido a Efe, coincidiendo con el cuarenta cumpleaños de Las Tablas como Parque Nacional, que siente orgullo al ver cómo en estas décadas el diseño de uso público de esta zona protegida se ha conservado tal y como él lo diseñó.

Al volver la vista atrás, Molina asegura que lo que primero pensó fue diseñar unos itinerarios que permitieran enseñar Las Tablas sin que la gente se mojara los pies y lograr superar la barrera de vegetación que impedía ver el encharcado.

Para ello, tuvo que sacrificar una veintena de hectáreas en las que se ideó instalar unas pasarelas que permitían visitar el Parque sin interferir ni pisar el agua.

Estas pasarelas servirían para desplazarse por cinco islas -la Entradilla, el Descanso, la Isla del Pan, la isla de Maturro y la isla de Los Tarayes- permitiendo el encuentro con las aves que se asientan en estos lugares.

Con este sistema, el visitante podía "no sólo disfrutar de las pasarelas, que ya eran un regalo, sino ver Las Tablas en su conjunto y disfrutar de toda la fauna", cuenta el primer director del Parque.

Este sistema de pasarelas tiene una extensión de 1,5 kilómetros y sigue el ejemplo de las que había en el Parque Nacional de Everglades, en Florida, a donde se desplazó Molina para estudiarlo.

Más que una inspiración

Sin embargo, "nosotros seguimos un concepto propio, que pasó por tener sensibilidad y por adecuar las obras al medio natural en el que se iban a realizar", ha añadido.

De este modo, se desechó el hormigón y las estructuras metálicas, que fueron sustituidas, en su concepción, por traviesas de ferrocarril, para lo cual comenzaron a recorrer todas las estaciones de tren de Ciudad Real para recopilar el material necesario para construir el kilómetro y medio del recorrido cerrado.

Posteriormente, Molina trabajó en idear un itinerario de tierra abierto sobre superficie encharcada y para ello se llevó a cabo un trabajo de relleno que permitió abrir un nuevo trayecto hasta Prado Ancho, donde se instaló una torre de ocho metros para tener una panorámica del Parque.

Para completar el uso público, después llegaron espacios como la laguna de aclimatación y la laguna permanente y otras infraestructuras como el centro de visitante y la carretera de acceso.

Desde aquel momento pocas cosas han cambiado porque, como apunta Molina, en 35 años que llevan las pasarelas abiertas al público se ha demostrado que los cálculos que se hicieron eran correctos.

FUENTE: EDCM / EFE

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