jueves, 7 de febrero de 2019

El Guadiana empieza a correr por las Tablas de Daimel

Que el río fluya por el parque en invierno, aunque sea con poco caudal, es una gran noticia en un humedal sometido a constantes amenazas / Foto: Parque Nacional Tablas de Daimiel

El río está aportando agua al parque nacional desde esta mañana, a través del pequeño desnivel de las inmediaciones del molino de Molemocho

El río Guadiana ha comenzado a circular por el parque nacional de las Tablas de Daimiel. Lo esta haciendo desde esta mañana, cinco días después del Día Mundial de los Humedales, cuando se constató una importante mejoría del caudal.

Fue la semana pasada cuando se notó la mejoría entre los tres kilómetros y medio que distan los molinos Nuevo y Griñón. Por este último empezó a pasar agua el 8 de enero y a mediados de mes, el 17, circulaba un caudal de 120 l/s, según el aforo del Instituto Geológico Minero (IGME).

Agua subterránea: 60 cm menos en los Ojos.

Este incremento de caudal es el que ha permitido que el parque coja prestancia, en un año en el que la mala noticia es el descenso de 60 centímetros del nivel de las aguas subterráneas en los Ojos, con respecto al primero de enero de 2018.

Que el río fluya por el parque en invierno, aunque sea con poco caudal, es una gran noticia en un humedal sometido a constantes amenazas, en especial la falta de agua por la sobreexplotación de los acuíferos, y un motivo de “ilusión” para sus responsables como el director Carlos Ruiz de la Hermosa.

El año pasado el río empezó a circular por el parque unas semanas antes, a partir del 16 de enero. Después llegaron las lluvias de marzo y la recuperación fue más evidente.

Ver “los primeros hilillos” del agua del Guadiana entrando a las Tablas es una excelente excusa para visitar el parque estos días y de paso despedir a las grullas, que dejarán la provincia en unas semanas.

“Que nadie se espere nada espectacular, no estamos hablando de un chorro, lo que entra es un reguerito de agua que aflora por la zona del Molino de Molemocho”, añade Ruiz de la Hermosa.

Con 465 hectáreas encharcadas, una cifra discreta pero no catastrófica, las Tablas tienen otro motivo para el optimismo: la recuperación de la vegetación subacuática, arrasada a finales de 2012, tras el grave episodio de vertidos de bodegas de 2010, que se agravó por el de la depuradora de Manzanares un año después. “Las praderas de ovas volvieron al parque el año pasado y ya tenemos un 20% de superficie cubierta por ellas”, refiere Ruiz de la Hermosa.

Estas plantitas insignificantes para un observador poco entendido son las que marcan la calidad de un ecosistema acuático, “oxigenan el agua, fijan el sedimento y son la base de la cadena trófica”.

Su recuperación ya ha tenido otra buena consecuencia inmediata: han aumentado las aves que se alimentan de ellas, el pato colorado y la focha, emblemas del parque. “Este 2019 es el segundo mejor año desde 2000 en censo de fochas”, recalca el director.

Belén Rodríguez Ciudad Real 
 

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