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domingo, 21 de enero de 2018
El agua del acuífero 23 convierte en río al Guadiana, que llega a las Tablas
En plena sequía el acuífero 23, uno de los más grandes de España, con una superficie de 5.500 kilómetros cuadrados y una capacidad de embalse de entre 12.000 y 15.000 hm3, ha vuelvo a recuperar sus niveles en sus cotas más bajas lo que ha provocado que el río recupere su cauce desde la semana pasada
El agua del acuífero 23 ha vuelvo a manar en plena llanura manchega para convertir en río al Guadiana, que desde hace unos días vuelve a llevar aportes de agua a una parte de las tablas fluviales del parque nacional de Las Tablas de Daimiel, en la provincia de Ciudad Real.
El acuífero 23, uno de los más grandes de España, con una superficie de 5.500 km2 y una capacidad de embalse en torno a los 12.000-15.000 hectómetros cúbicos, ha vuelvo a recuperar sus niveles en sus cotas más bajas, lo que ha provocado que desde la pasada semana el río Guadiana haya recuperado su cauce.
La finalización de la campaña de riegos de cultivos agrícolas, que durante la época estival provoca el descenso del acuífero, ha favorecido su recuperación durante el otoño y el invierno, hasta haberse podido ver nacer el Guadiana en el entorno del molino de Griñón, apenas unos kilómetros aguas abajo, de los conocidos como los Ojos del Guadiana.
Nuevas surgencias de agua cerca del molino de Griñón
El Jefe de Área de Hidrogeología Aplicada del Instituto Geológico y Minero de España (IGME), Miguel Mejías, ha explicado que a unos 150 metros del molino de Griñón se están produciendo surgencias de agua que dan lugar a la circulación de 170 litros por segundo de agua por el cauce del río Guadiana.
Es en este punto donde se produce la salida del agua, porque es la zona donde “más baja está la cota de terreno y más cerca se sitúa el nivel freático”.
Mejías ha señalado que la última vez que se registró circulación del agua fue el 26 de mayo de 2017 cuando en el molino de ‘El Nuevo’, aguas arriba del molino de Griñón, el IGME midió que circulaban 47,33 litros por segundo.
Hidrológicamente, esta situación es “lógica y esperada” pues “cuando se deja de regar se produce una recuperación de niveles del acuífero al volver el régimen estacionario”, ha argumentado.
A ello también ha contribuido la menor evaporación del agua que se produce y los más de 50 litros por metros cuadrado de lluvia que registraron en enero.
Mejías ha comentado que es probable que los niveles de agua circulantes por el río vayan en aumento y puedan alcanzar hasta los 210 o 220 metros por segundo.
Pese a que son cinco los años de sequía que registra la provincia de Ciudad Real, el hecho de que el acuífero no lo refleje de manera tan acusada como lo hacen los pantanos, es porque se trata de un sistema mucho más complejo que los otros.
“Las aguas subterráneas no responden tan inmediatamente a la sequía como responden las aguas superficiales, porque existe una inercia en la recarga del sistema que aún es fruto del periodo húmedo que se registró entre el 2009 y el 2013”, ha explicado.
Y ha agregado que el acuífero, a pesar de que sigue dando lugar a estas surgencias de agua va descendiendo “y, en el periodo 2016-2017, ha habido un descenso de algo más de un metro”.
Ha insistido en que es cierto que, si se toma como referencia el periodo 2009-2017, se sigue registrando una recuperación positiva de 14 metros, lo que, de algún modo, nos dice que lo que ahora ocurre es que estamos viviendo de la recuperación de los años húmedos.
Mejías ha advertido de que “el sistema 23 es un acuífero con mucha inercia que, aunque no llueva ahora, seguirá recibiendo agua, pero, probablemente si no llueve en un año más, cada vez habrá menos agua y se dejará notar en que en algún momento volveremos a ver cómo el Guadiana deja de correr”.
Por ello, ha abogado por “no lanzar las campanas al vuelo”, dado que en 2016 el cauce estuvo sin agua sólo durante los meses de agosto, septiembre y octubre, mientras que el pasado año el agua dejó de correr a finales del mes de mayo, para volver a manar en las últimas semanas.
500 hectáreas encharcadas
El parque nacional de las Tablas de Daimiel, en la provincia de Ciudad Real, mantiene en torno a las 500 hectáreas inundadas, de las 1.850 hectáreas que son susceptibles de estar ocupadas por el agua.
Fuentes del parque nacional han apuntado que la situación de inundación del parque es similar a la que presentaba el pasado mes de octubre, sin que se haya producido un descenso del número hectáreas encharcadas.
El parque venía registrando descenso en los niveles de inundación desde el pasado mes de junio, en el que se registraron 1.343 hectáreas encharcadas, y de las que se pasó a 972 hectáreas a finales del mes de julio y a las 744 hectáreas a principios del mes de septiembre, para alcanzar los niveles actuales.
Las mismas fuentes han apuntado que esperan que la situación de inundación del parque pueda seguir manteniéndose en los próximos meses e incluso mejorar, gracias a los aportes de agua que desde el pasado día 16 de enero está recibiendo el parque a través del río Guadiana, que ha vuelto a correr gracias a que está manando agua del Acuífero 23 aguas arriba del molino de Griñón.
Los 170 litros por segundo que circulan por el río Guadiana ya se ven circular por el molino de Molemocho, punto en el que el río Guadiana entra a las Tablas.
De hecho, aguas arriba del molino de Molemocho se puede observar también que hay más de 50 hectáreas de tablas fluviales inundadas.
Los responsables de este parque nacional han considerado “una gran noticia” para el parque nacional que el río Guadiana vuelva a llevar agua a este espacio protegido.
Y han indicado que también “es una buena noticia que las últimas lluvias del mes de enero hayan favorecido una mejor situación de la parte del terreno que no está inundado”.
El parque nacional de las Tablas de Daimiel está considerado entre los destinos de naturaleza de interior de España que más interés despierta, por ser uno de los ecosistemas acuáticos más importantes de la Península Ibérica para la fauna acuática.
Fuente: http://www.lanzadigital.com/provincia/agua-del-acuifero-23-convierte-rio-al-guadiana-llega-las-tablas/#ringtone/gallery/post_img_gallery/0
Imagen: Anibal Beldad EFE
martes, 13 de noviembre de 2012
Las Tablas de Daimiel reciben agua del Guadiana
El Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel (Ciudad Real) ha
comenzado hoy a recibir los primeros aportes de agua a través del río
Guadiana procedente del nivel freático del Acuífero 23, lo que supone la
aparición de "nuevos ojos" en el río.
Según diversas fuentes
consultadas hoy por Efe, el agua que ha comenzado a inundar el Parque
Nacional procede de afloramientos localizados en el cauce del río
Guadiana.
Este hecho fue corroborado hace unos días en un trabajo
de campo por el jefe del área de Hidrogeología del Instituto Geológico
Minero (IGME), Miguel Mejías, quién señaló que este afloramiento de agua
se está produciendo por el corte del nivel freático del acuífero
regional con la cota topográfica del cauce.
Desde mediados del mes
de octubre los técnicos del parque detectaron la aparición de un gran
encharcamiento entre los molinos hidráulicos de Griñón y Nuevo que
provocó que el agua comenzara a circular ligeramente por el cauce del
río Guadiana sin que éste reciba aportes del río Azuer, como ha ocurrido
en los últimos años.
El fenómeno de la aparición de 'nuevos ojos'
en el río Guadiana es similar al que tuvo lugar a finales de diciembre
del año pasado en las proximidades del molino hidráulico de Zuacorta.
Los
estudios del IGME determinaron que se trataban de nuevos afloramientos
de agua en el cauce del río Guadiana, motivados por la recuperación del
nivel freático del agua del Acuífero 23 como consecuencia del intenso
período húmedo entre 2009 y 2011, que fue de 1.810 hectómetros de agua.
Los
ojos del Guadiana, que dejaron de manar en 1984 tras décadas de
explotación del acuífero, no han funcionado como tales desde entonces,
pero ahora la aparición de lo que se ha denominado 'nuevos ojos' hace
que el río Guadiana aporte de nuevo al Parque Nacional.
De hecho,
la cota del agua en el entorno del molino de Molemocho, situado a las
puertas del parque nacional sube por días y hoy ha comenzado a entrar al
parque nacional, todo ello sin que el río Azuer aporte agua al río
Guadiana, como sí ocurrió en noviembre de 2011.
Este hecho ha sido
calificado por el jefe del área de hidrogeología del IGME como "una
gran noticia", pues se está viviendo una situación que no se daba desde
hace 30 años.
No obstante, ha advertido de que no deja de ser
"anecdótico", porque se trata de una situación coyuntural que responde
básicamente a un periodo húmedo, en el que ha llovido un 50 por ciento
más de lo que es habitual.
Mejías cree necesario seguir trabajando
en objetivo final de recuperar el sistema neural de flujo, de tal
manera que, todo el Acuífero 23 descargue el agua en los Ojos del
Guadiana, llene el río Guadiana y Las Tablas de Daimiel.
A
principios del mes de noviembre el Parque Nacional de Las Tablas de
Daimiel mantenía inundadas 1.029 hectáreas de terreno de las 1.850 que
como máximo son susceptibles de ser encharcadas.
Fuente: 12-11-2012 / 17:30 h EFE ABC.ES
Grafica: Fuente / Diario El Pais 31/03/2012
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jueves, 8 de noviembre de 2012
Vuelven los ojos del Guadiana
El Instituto Geológico estudiará en estas semanas la aparición de nuevos afloramientos de agua en el río.
El Instituto Geológico y Minero de España
(IGME) estudiará en las próximas semanas la aparición de nuevos
afloramientos de agua en el río Guadiana, en las proximidades del Parque
Nacional de Las Tablas de Daimiel, que podrían deberse al aumento del
nivel freático del agua.
La aparición de «nuevos ojos» en el río
Guadiana podría ser similar a la de finales de diciembre del año pasado
en las proximidades del que fuera molino hidráulico de Zuacorta, en el
mismo río.
Ahora, la aparición de un gran encharcamiento
entre los molinos hidráulicos de Griñón y Nuevo está provocando que el
agua circule ligeramente por el cauce del río Guadiana desde mediados de
octubre sin que éste reciba aportes del río Azuer, que a su paso por el
casco urbano de Daimiel está seco.
Miguel Mejías, jefe del área de hidrogeología
del IGME, explicó que el origen de este encharcamiento debe ser
estudiado para determinar la procedencia del agua, porque podría
tratarse de un acuífero colgado en la zona o de nuevos ojos similares a
los del entorno del molino de Zuacorta.
Mejías recordó que tras el trabajo de campo
realizado en Zuacorta las conclusiones fueron que realmente se trataba
del nivel freático del acuífero 23 y que afloraba el agua por el corte
de la topografía del terreno, que bajó como consecuencia de excavaciones
o de pequeños colapsos del terreno.
El geólogo recordó que estas afloraciones no
eran como los «ojos tradicionales» que se conocían, puesto que se
trataban únicamente de un encharcamiento que no producía escorrentía
superficial, algo que ahora sí puede estar ocurriendo aunque hay que
estudiarlo.
En cualquier caso, dijo que «el objetivo es que
en el río Guadiana se produzcan de nuevo muchas surgencias a lo largo
del cauce, que produzcan un reguero y den lugar al río Guadiana».
El fenómeno que ha aparecido ahora puede ser
como el del año pasado, pero el hecho de que haya surgido tras el verano
y el periodo de riegos en la zona lleva a cuestionarse su aparición que
también podría deberse a «las últimas lluvias de septiembre».
En cualquier caso, recordó que los ojos del
Guadiana no era un punto concreto en el cauce del río Guadiana, sino
«una sucesión de surgencias por las que salía el agua subterránea, que
creaban un reguero y daban lugar a la formación del cauce del río».
Los ojos del Guadiana, que dejaron de manar en 1984 tras décadas de explotación del Acuífero 23, no han funcionado como tales desde entonces.
Para Mejías, que se produzca este fenómeno es
«genial y maravilloso», aunque no deja de ser anecdótico porque se trata
de una situación coyuntural que responde básicamente a un periodo
húmedo (2009-2011), en el que ha llovido más del 50 por ciento de lo que
es habitual.
No obstante, reconoció que en la mejora de la situación del Acuífero 23 ha influido también la mayor concienciación de los usuarios y las medidas de gestión de la Administración.
Mejías resaltó que aunque la situación es la
mejor de los últimos 28 años, aún no se ha conseguido el objetivo de
recuperar el sistema neural de flujo, de tal manera que todo el Acuífero
23 descargue el agua en los Ojos del Guadiana y llene el río Guadiana y
Las Tablas de Daimiel.
Fuente: ABC
ANÍBAL DE LA BELDAD (EFE) / CIUDAD REAL
sábado, 31 de marzo de 2012
El Guadiana reabre los ojos
Parece un simple charco, un charco grande en mitad de un campo de
cebada. A cualquiera que pase por la carretera de Villarrubia de los
Ojos (Ciudad Real) a Daimiel sin conocer la apasionante y triste
historia de La Mancha Húmeda no le parecerá más que eso. Apenas le
llamará la atención. Sin embargo, ese charco es la prueba de la
espectacular recuperación del acuífero del alto Guadiana por las lluvias
de los dos últimos años. Ese charco es un nuevo ojo del Guadiana, el
primero desde que, en 1984, el agua dejó de manar tras décadas de
sobreexplotación. Puede que no dure más que unos meses, y es más que
probable que el agua no llegue a correr cauce abajo, pero da esperanza
de recuperar un ecosistema único y castigado durante más de medio siglo.
Pese a la sequía, el agua subterránea se asoma al cauce seco del río 28 años después
La mejora del acuífero por lluvias pasadas da esperanza a un ecosistema único
En diciembre pasado, Alfonso Queipo de Llano, observó con asombro
cómo en el campo de cebada que su familia tiene en el cauce del Guadiana
surgía agua. “Pensamos que podía estar roto nuestro pozo o que teníamos
un problema en la bomba”, cuenta. Sin embargo, y a pesar de la falta de
lluvias, el charco fue creciendo. Él es dueño del Molino de Zuacorta,
una de las decenas de instalaciones usadas durante siglos gracias a los
caudalosos ríos de la zona, y que ahora se asoman a un paisaje
polvoriento. Queipo de Llano cuenta que hace 35 años su suegro, quien
compró la tierra, sí “hablaba de que en la tierra había humedad”.
El charco de sus tierras no es un caso único. A dos kilómetros, al
Este, en el paraje conocido como El Rincón, han aparecido otros
encharcamientos, aunque más pequeños. ¿Sería posible que todos ellos
fuesen ojos del Guadiana? ¿De esos de los que hablan los libros de texto
y que dejaron de manar en los ochenta? Un ojo, o un ojillo, es
cualquier lugar en el que rebosa el acuífero 23 (la enorme bolsa de agua
bajo Ciudad Real), no es un punto concreto.
En enero, Miguel Mejías, responsable de Hidrogeología del Instituto
Geológico y Minero de España (IGME), recibió otra sorprendente llamada
desde el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel, a solo unos
kilómetros. Querían que fuera a ver el sorprendente charco. “El año
anterior hubo algunos afloramientos de agua cauce abajo, pero concluimos
que era de la escorrentía de las abundantes lluvias. Esta vez no era
posible, porque no ha llovido”, explica Mejías en su despacho en Madrid.
Mejías concluyó el pasado 3 de febrero un informe para la Confederación
Hidrográfica del Guadiana que constata “la aparición de estos nuevos
ojos en zonas que probablemente no fueron las últimas en desecarse a
mediados de los ochenta”. Él, que lleva 15 años estudiando la zona, se
sincera: “Pensé que yo me iba a jubilar sin verlo”.
Lo que ha ocurrido es que las enormes lluvias de los cursos 2009-2010
y 2010-2011, un 50% por encima de la media, siguen filtrándose al
subsuelo. Es como si uno echase agua sobre una esponja descomunal. El
sistema tiene una inercia que hace que suelte agua aún mucho después de
cerrar el grifo. Por eso, un año después de que cesaran las lluvias, el
acuífero sigue subiendo. Es lo que se conoce como “recarga plurianual”,
lo que hacía que antiguamente las Tablas de Daimiel tuviesen siempre
agua, incluso en periodos secos. El agua subterránea empieza a brotar en
los ojos a partir de los 610 metros sobre el nivel del mar y el 30 de
marzo pasado estaba a 609,75.
La zona en la que ha aparecido el encharcamiento más grande está un
par de kilómetros cauce abajo del cartel de los ojos del Guadiana, en
una mínima depresión, quizá producida por la roturación de tierras o por
la combustión de la turba. El informe del IGME sobre los
“encharcamientos de agua aparecidos en el entorno de los ojos del
Guadiana”, de 11 páginas, explica que, “aunque todavía no se han
alcanzado las condiciones hidrológicas necesarias para recuperar el
esquema natural de flujo”, porque el agua no mana, “la situación actual
supone la mejor de los últimos 28 años”. Mejías explica: “Si este
hubiese sido otro año húmedo veríamos correr el Guadiana por su cauce”.
Los nuevos ojos son una de las pocas buenas noticias que el humedal
ha recibido desde que en 1956 Franco promulgó la “ley sobre saneamiento y
colonización de los terrenos pantanosos a los márgenes de los ríos
Cigüela y Záncara”. La norma convertía “terrenos incultos de carácter
pantanoso o encharcadizo” en regadío. Los ingenieros se empeñaron con
éxito en desecar los terrenos.
En 1973, el Gobierno declaró las Tablas de Daimiel como parque
nacional, la máxima figura de protección. Parecía como señalar una pista
de esquí en medio del desierto. El enorme acuífero siguió
sobreexplotado durante décadas por miles de pozos (muchos de ellos
ilegales) y llegó a estar, en 2008, a 35 metros de profundidad. En el
peor momento, el déficit acumulado rondaba los 3.750 hectómetros
cúbicos. Para dar la medida de la situación, hay que tener en cuenta que
los embalses de Entrepeñas y Buendía (Guadalajara), los dos enormes
pantanos de los que parte el trasvase al Segura, tienen una capacidad
máxima de 2.474 hectómetros. Así que el déficit de más de 3.000
hectómetros parecía imposible de recuperar.
La sobreexplotación, unida a la sequía, hizo saltar las alarmas. El
Gobierno y la Junta de Castilla-La Mancha anunciaron el Plan Especial
del Alto Guadiana, dotado sobre el papel con 3.000 millones, para
regularizar pozos y comprar derechos de agua para recuperar los ojos en
dos décadas. El dinero no llegó —al menos no en esa cantidad—, pero los
agricultores comenzaron a tomar conciencia de que aquello no podía
seguir, que si seguían abusando del acuífero terminaría por ser su
ruina.
En octubre de 2009, y tras la prolongada sequía, la turba del
subsuelo comenzó a arder en las Tablas. Era un fenómeno habitual fuera
del parque, pero el espacio protegido había estado a salvo hasta
entonces.
El balance del Plan del Alto Guadiana es de “4.000 pozos legalizados,
20.000 nuevas hectáreas de regadío, más de 8.000 contadores instalados y
1.000 millones en infraestructuras” y la compra de multitud de fincas.
El Gobierno del PP ha anunciado que suprimirá el plan, pero con un poco
de suerte puede que quede su legado: la conciencia en la zona de que no
se puede seguir explotando sin fin el acuífero.
¿Durarán mucho los nuevos ojos? Es poco probable. El informe del IGME
explica que “de continuar la falta de precipitaciones de los últimos
dos meses y el inicio de los primeros riegos de la temporada, se
producirá un lento descenso del nivel piezométrico que volverá a situar
este por debajo de la cota del terreno y dejarán de aparecer estas
nuevas surgencias”. Aun así, la situación del acuífero hace que sea más
factible que nunca recuperar el ecosistema. Para ello, es fundamental
controlar las extracciones para regadío, que en los peores años
superaron los 600 hectómetros cúbicos, el triple de la recarga media.
“Si se salva esto o no es una decisión política”, añade Mejías, que
teme que en un nuevo periodo seco se olviden las medidas de ahorro. “La
recuperación no se puede confiar solo a la aparición de esporádicos
episodios húmedos”.
El Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente prepara una reforma
legal de urgencia para impedir “un nuevo deterioro del acuífero”, para
lo cual “reordenará los derechos de uso de las aguas tendente a la
recuperación ambiental de los acuíferos”. Las condiciones para recuperar
La Mancha Húmeda se dan ahora como nunca. El tiempo dirá si el ojo
entreabierto del Guadiana es solo un espejismo, una oportunidad perdida.
O si, por el contrario, no hay marcha atrás en la recuperación del
Guadiana.
Las Tablas De Daimiel, en su apogeo
El Parque Nacional de las Tablas de Daimiel capea la sequía. Aunque este invierno fue uno de los más secos que se recuerdan, los ríos de la comarca aún llevan agua por las lluvias de años anteriores. Las Tablas mantienen 1.300 hectáreas encharcadas (en 2009 llegó a tener solo 16).
FUENTE: EL PAIS
Rafael Méndez
Villarrubia de los Ojos (Ciudad Real)
31 MAR 2012 - 20:57 CET
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